Testimonio: Cómo adelgacé 20 kg. Impresionante relato en primera persona de cómo perdió 20 kg. de peso.

Dieta saludable

Testimonio Cómo adelgacé 20 kilos

Yo tenía un trabajo, en el que estuve cerca de 18 años, que debido al enorme stress y otras circunstancias, me provocó una enfermedad crónica del sistema digestivo. Cuando empecé con los síntomas (insoportables dolores abdominales y diarreas incontrolables entre otros) me puse en manos de los doctores de digestivo, que me tuvieron haciendo pruebas durante 2 años, no eran capaces de saber qué me pasaba, hasta que di con una doctora que acertó. Me diagnosticaron el Síndrome del Intestino Irritable, también conocido como Colon Irritable. Me dijeron que no tenía cura ni tratamiento, que llevaba además de los síntomas que ya tenía, otras enfermedades y dolencias asociadas como colitis, esteatósis hepática y depresión crónica. Que lo único que se podía hacer era aprender ciertas pautas para llevar una vida lo más normal posible y evitar las numerosas crisis. Lo esencial era vivir tranquilo, evitar stress y problemas y lo primero, perder peso.

Me puse a ello. Me dieron la típica dieta con el número de calorías apropiado a mis características, que se componía de aumentar el consumo de alimentos saludables como frutas, verduras y pescado y reducir las cantidades del resto y, muy importante, realizar un mínimo de 6 comidas al día. Por mi cuenta decidí además abandonar alimentos que consideraba perjudiciales, como todo lo derivado del cerdo, todo lo que llevara azúcares refinados y el café (soy un enamorado del té). También me recomendaron hacer ejercicio, lo cual para mí era un problema porque realizar deporte intenso, correr, jugar al futbol, etc me provocaba grandes dolores en mi estómago… me propusieron que hiciera pesas, no meterte en un gimnasio y convertirte en culturista, si no en casa con unas mancuernas hacer algo que además, según me explicaron, en el caso de las pesas la quema de grasas se realiza también después del ejercicio al cambiar el metabolismo del músculo (por lo menos eso me dijeron, ups).

No me iba mal y un día decidí probar una bici de spinning, que usándola de forma moderada, no como hacen en los gimnasios con música y unas grandes palizas, me iba bien, y mueves un volante muy pesado que es un buen ejercicio. Entre unas cosas y otras, pasado poco más de un año, y con los análisis que me hacían para controlar la enfermedad como único seguimiento médico, me di cuenta que había pasado, con mi 1,65 m de 83 kilos a 61,5. Los conocidos me preguntaban si estaba enfermo, que por qué estaba tan delgado….estaba muy por debajo de mi peso ideal o normal para mi talla… empecé a no encontrarme bien, un poco débil y tenía frío hasta en los días de calor. Decidí subir un poco de peso hasta dónde me sintiera bien, y el 63,5 kilos fue dónde lo encontré. Las crisis se espaciaban mucho y eran menos intensas, me encontraba mejor; ahí me mantuve durante cerca de 3 años.

Entonces cambié de trabajo y pasé a realizar uno con menos presión, muy llevadero. Poco a poco me fui relajando, vivía muy bien y tranquilo. Las rutinas de ejercicios las había relajado un poco aunque la dieta la seguía manteniendo porque me resultaba muy saludable y cómoda. Cuando quise darme cuenta había pasado a tener 71 kilos. Entonces me puse en manos de una doctora nutricionista. Fue muy clara, me dijo que la dieta era la correcta (es más, me propuso aumentarla en cuanto a calorías). Me explicó que el famoso ‘efecto yo-yo’ no es una leyenda urbana. Que en mi caso mi cuerpo se había convertido en ahorrativo y en vengativo hacia mi. Por haber perdido aquellos 20 kilos y por las características de mi enfermedad. Me explico que mi cuerpo tiende a almacenar grasa en la zona abdominal como forma de aplacar los dolores en el colon, ya que busca temperatura y solo lo consigue rodeándose con grasa. Entonces el plan era mantener la dieta (lo cual llevaba desde hacía muchos años como he explicado) y aumentar en lo posible la masa muscular, para convertir la grasa en músculo. En un año perdí unos 5 kilos (aunque viendo los análisis que te hacen, había perdido muchos más de grasa, pero había aumentado los kilos de musculatura). Pasado ese año me recomendó no perder más peso, porque si lo hacía mi cuerpo con la tendencia a acumular grasa por la enfermedad, me daría problemas y aumentarían mis crisis. Así que, a pesar de que seguía teniendo mi barriguita y mi Michelín (lo cual estéticamente no me importa), me dio el alta con la recomendación de continuar con una dieta sana y con ejercicio.

Me mantuve así hasta que hace un año y medio las circunstancias personales (mi problema con las manos que no me permiten hacer una vida normal, el agravamiento de la enfermedad de mi padre y su fallecimiento, el estress de los estudios que realizo y el empeoramiento de una de las dolencias asociadas, la depresión) me han llevado a no tener las ideas muy claras en mi cabeza, y si la cabeza no la tienes ordenada es difícil llevar la vida también de manera ordenada. Me cuesta mucho llevar una rutina de ejercicios, la dieta la he traicionado un poco (aunque sigo sin hacer comidas grasas, etc)… he aumentado el peso, aunque no sé hasta dónde ya que durante este tiempo no he pisado la báscula. Sé que cuando mis ideas se ordenen y sobre todo cuando mis manos vuelvan a dejarme llevar una vida normal y con ello mejore mi depresión, volveré a centrarme y cuidarme de nuevo. El ‘efecto yo-yo’, como me contó la nutricionista, está ahí.

 

Hasta aquí el duro relato de José Ignacio, un tipo entrañable, buena gente, es de esas personas que se nota que están hechos de buena pasta. Su testimonio narra la lucha constante con su EII, de la cual estamos seguros que saldrá victorioso.

Esperamos que hayan disfrutado del relato, que pese a su crudeza, servirá a muchos lectores de shotokan.es y personas en general.

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